FALTA DE MOTIVACIÓN Y EL CANSANCIO

Este no es el típico texto que encontrarás en internet. Puede que te resulten duras estas palabras que leerás. Odiarás las palabras falta de motivación.
El problema: la falta de motivación y el cansancio, la solución, debes comer esto y aquello, alimentos que estimulan una u otra cosa. O debes hacer meditación y alcanzar el nirvana.
Realmente conmovedor, hasta suena pueril. Artículos con las eternas sonrisas de sus maravillosos modelos que no tienen ningún defecto. Y ya está, ahí se acabó todo.
La realidad es más compleja. No es un asunto de lo que comes o meditas, es una deuda contigo mismo, con tu conciencia…
…Y muchas veces te habla, pero no le haces caso.
Pero pasemos ya al meollo. El asunto es que estás en la miseria más absoluta, y notas que tu alma pesa. Pues si pesa no te queda otro remedio que levantarla, arrastrarla… en definitiva mover tu existencia a otro plano.
La primera herida que te infliges es la de la excusa, y la recubres con el mañana, o la semana, o tal vez el mes que viene. Eso es precisamente lo que te crea el letargo en tu monótona vida.
Te ha resultado muy comodo a lo largo de mucho tiempo el creerte todos los obstáculos de las corrientes sociales. A sido la justificación para haber cedido durante años a tus impulsos más bajos.
Te has vuelto adicto a lo que te destruye y un sumiso esclavo de tus deseos, y el deterioro que has sufrido lo has interpretado como el resignado declive físico y mental relacionado con la edad.
Y esa es la mayor mentira colectiva de nuestra era.
cómo recuperar la fuerza de voluntad
Has aceptado el deterioro como algo normal.
Al hacerlo has utilizado una limitación impuesta.
Estás totalmente convencido de una realidad que no existe, no hay frontera, restricción o confín que no se pueda derrocar. Lo único que lo impide es la ignorancia propia.
Quien no sabe, no ve.
Aquí entramos en la segunda herida, el autoengaño.
Cuánto sabes y no te lo dices a la cara. Qué oportuno es aceptar las condiciones de esta sociedad, para hacerte más sumiso, más dócil, tierno, voluble, comodón y bonachón. Qué agradable eres para todos.
La fuerza de voluntad la perdiste en el momento que te rebajaste a los demás, cuando dejaste tus sueños en pro de los demás. Te han succionado el alma… y ese es el vacío que sientes.
Pero tiene arreglo…
El precio, eso es lo que no ves, el precio… ¿Quién es el que todavía no cree que todo tiene un precio? ¿Tú?
Cuando pagues el precio… recuperarás la voluntad.
Piensa bien en estas palabras.
En cuanto a la crisis de los años que te parezca, los que sean, está todo relacionado. No tienes retos, crees que lo has conseguido todo, y ya no te queda ninguno… pues te equivocas, ya tienes uno, el comenzar a cambiar con la edad que tengas… ya sabes, no hay fronteras.

hazte un favor, toma una decisión
Si has tenido el valor de leer este manifiesto hasta aquí, ya no puedes mirar hacia otro lado.
Ahora sabes perfectamente que tu falta de motivación y el cansancio constante no son una consecuencia de los años, ni de la crisis de la edad; son el precio directo que pagas por haber sido un sumiso esclavo de tu propia comodidad.
Llegados a este punto, solo te quedan dos caminos a los que te enfrentas:
O cierras esta pestaña de inmediato, te autoengañas pensando que estas palabras son demasiado duras para ti y regresas a tu rutina monótona, gris y predecible junto al resto del rebaño dócil que se consume en el sofá…
O decides actuar y empiezas a saldar la deuda de respeto que tienes contigo mismo.
Aquí no vendemos milagros ni recetas baratas para alcanzar el nirvana. Entregamos herramientas a hombres dispuestos a sangrar por su orgullo. El tiempo corre y tiene un límite.
Salir de la fosa común no es gratis. Todo en esta vida tiene un coste, y recuperar el control de tu existencia exige que pagues la tarifa más alta: el sufrimiento voluntario diario.
No va de apuntarse al gimnasio el próximo lunes o de esperar a que pase el calor de julio. El precio real es ganarle la batalla a la manta antes del amanecer, clavarle un «no» en los dientes a los deseos blandos que te destruyen en silencio y aceptar el castigo cuando tu mente te implora compasión.
Nadie va a venir a salvarte de tu propia ruina.
O pagas el precio hoy, o pagarás el precio del arrepentimiento mañana en el sofá.
Si estás listo para cruzar la línea y salir de la fosa común, da el primer paso abajo. Es gratuito.